De un local chico a un fenómeno gastronómico en la comarca
En Carmen de Patagones, hay un fenómeno que creció casi sin hacer ruido, pero que hoy es imposible de ignorar: mesas llenas, hornos encendidos y una certeza que se repite entre quienes la prueban. La de San Marzano es, para muchos, la mejor pizza que se puede conseguir en la zona.

Detrás está el trabajo de Ezequiel Ciccone, pizzaiolo y dueño de un proyecto que se consolidó a base de técnica, producto y una idea clara: respetar la esencia de la pizza napolitana.
“Llegamos a esta transformación de San Marzano luego de tres años. Empezamos con un local muy chiquito, con un solo horno a leña, dos heladeras y seis mesas. Eso fue todo”, recuerda.
El crecimiento: más espacio, más equipo, misma esencia
Ese inicio, mínimo pero firme, fue el punto de partida de un crecimiento sostenido que tuvo como motor principal a la gente.
“Gracias al apoyo de nuestros clientes de Patagones y Viedma, el lugar nos quedó chico. A las nueve de la noche ya no había más lugar”, cuenta.
Tras más de dos años y medio en el primer local, San Marzano encaró su expansión. El nuevo espacio —proyectado junto al arquitecto Gaston Larreguy— multiplicó la capacidad, pero mantuvo intacta la idea original.
Hoy, el salón puede recibir hasta 60 personas sentadas, con dos barras y un sector exterior que, cuando el clima acompaña, eleva la capacidad a más de 120 comensales.
El crecimiento también se refleja puertas adentro: de un equipo inicial de cinco personas, hoy el proyecto emplea a 14.
“Arrancamos cinco, ahora somos una banda”, dice Ciccone.

La clave: no negociar la calidad
Pero si hay algo que explica el fenómeno, es lo que no cambió.
“No modificamos nada en cuanto a calidad. Seguimos con los mismos proveedores, seguimos cocinando a leña”.
En un contexto donde muchas veces crecer implica resignar, en San Marzano eligieron sostener. Y eso se nota en cada pizza que sale del horno.
El desafío del servicio en un salón lleno
El salto no fue solo gastronómico. Con más capacidad y mayor flujo de clientes, el servicio también tuvo que profesionalizarse.
“Incorporamos intercomunicadores para no andar gritando y mejorar la comunicación. Tuvimos que perfeccionar el servicio”, explica, destacando el acompañamiento de colegas y amigos en ese proceso.
Además, la propuesta sumó nuevos elementos: coctelería de autor, producto fresco del puerto y una carta que evoluciona sin perder identidad.
Una pizzería que no deja de crecer
San Marzano abre todos los días, incluso los lunes, una decisión que responde a una demanda que no afloja.
“Estamos recontentos. Es un sueño vivir de esto que amamos y que a la gente le guste”, resume Ciccone.

Cuando las cosas se hacen bien
En una región donde muchas veces se repiten fórmulas y se negocia calidad en nombre del volumen, San Marzano eligió otro camino.
El de sostener.
El de no bajar la vara cuando el salón se llena.
El de entender que crecer no es hacer más, sino hacerlo mejor.
Porque cuando hay producto, técnica y convicción, pasa lo que está pasando.
La gente responde.
Y vuelve.






