Una antigua vivienda maragata recuperada, una familia con historia en la gastronomía y una propuesta donde mandan los platos abundantes. La Casona abrió hace pocos meses en Carmen de Patagones y empieza a hacerse un lugar en la gastronomía de la Comarca.
Más de 130 años tiene la casa de D. Harosteguy 137, en Carmen de Patagones. Puertas altas, ambientes amplios, un lindo patio colonial y buena parte de la fisonomía original se mantienen en pie. Desde hace pocos meses también tiene nueva vida: allí funciona La Casona, un bodegón familiar que apostó por recuperar el lugar sin borrar las huellas del tiempo.

Detrás del proyecto está la familia Meligner, con varios capítulos anteriores ligados a la gastronomía. El padre tuvo una pizzería cuando vivía en La Plata y, ya de regreso en Patagones, la familia abrió la rotisería Donato en Villa del Carmen. Después llegaron otros emprendimientos y una panadería que continúa funcionando.
La Casona, sin embargo, empezó con otra idea. Pensaban hacer un restaurante, hasta que durante las charlas apareció el concepto de bodegón. Y les gustó mucho más.

La casa acompañaba.
Conservaron la fachada y las antiguas aberturas, recuperaron las puertas, hicieron las mesas y restauraron y tapizaron las sillas. Tampoco buscaron demasiadas formalidades.
“Queríamos algo familiar, donde puedas venir arreglado o con un pantalón deportivo y sentirte igual de cómodo”, cuenta Agustina Meligner, quien está al frente del emprendimiento.

Un bodegón donde manda la abundancia
Micaela Flores está al frente de la cocina y fue parte del armado de una carta que tiene mucho de bodegón, aunque también se permite salir de lo tradicional.
Hay carnes, milanesas y pastas, además de lomos con roquefort o champiñones, pollo a la mostaza y algunos platos que aparecen fuera de carta, como pollo al disco o chorizos a la pomarola.
Los viernes y sábados se suma la parrilla, con el asado “Banderita”: asado, matambre de cerdo y vacuno, chinchulines, mollejas, chorizo y morcilla.

La definición de la cocina aparece en algo todavía más sencillo: los platos tienen que llegar abundantes a la mesa.
Con capacidad para unas 50 personas, La Casona transita sus primeros meses ajustando tiempos, cocina y servicio. La respuesta inicial incluso los obligó a cambiar equipamiento para acompañar el movimiento que tuvieron desde la apertura.

Más de un siglo después de haber sido construida, la vieja casa volvió a encontrar una manera de reunir gente. Ahora es alrededor de una mesa, con platos generosos, la parrilla encendida y ese patio colonial que invita a quedarse un rato más. La Casona recuperó una parte de la historia de Patagones y la convirtió en un lugar para comer, encontrarse y compartir.






