Diego Sosa: cinco años descubriendo que cocinar también es cuidar

Junto a Ceferina Acuña, acompaña a estudiantes de Educación Física en Villa Mascardi. Una experiencia que comenzó entre ollas y recetas y terminó dejando aprendizajes que van mucho más allá de la cocina.

Diego Sosa llegó por primera vez a Villa Mascardi hace cinco años pensando que iba a enseñar a cocinar. Manipulación de alimentos, algunas técnicas básicas y esos conocimientos que un futuro profesor de Educación Física necesita cuando le toca trabajar en campamentos o colonias de vacaciones.

Pero las cosas no siempre terminan siendo como uno las imagina.

“Con el paso de los años, y junto a mi compañera Ceferina Acuña, descubrimos que nuestra labor iba mucho más allá de enseñar a cortar, cocinar o conservar alimentos”, cuenta Diego.

Cada año acompañan a unos 50 estudiantes, divididos en dos grupos, que pasan varios días en la montaña. Jornadas intensas, actividades físicas, convivencia y, para muchos, la primera experiencia lejos de sus familias.

Y ahí aparece la cocina. Con un desayuno temprano, una merienda después de las actividades o ese plato caliente que se espera al terminar el día.

“Un buen desayuno, una merienda rica, un plato caliente al finalizar el día… no solo alimentan el cuerpo, sino que dan seguridad, contención y alegría”, reflexiona.

Diego entendió que alrededor de una mesa también pasan otras cosas. Los chicos conversan, cuentan lo que les sucede y encuentran un momento para aflojar después de tantas horas de actividad.

“Comprendimos que la cocina no solo alimenta el cuerpo, sino que sostiene el ánimo de todo un grupo”, asegura.

La experiencia se desarrolla en el marco de la cátedra Situaciones Motrices en el Entorno Natural, a cargo del profesor Alejandro Martín, junto a un equipo integrado por Pablo Tapia, Gustavo Yacopino, Sofía Domínguez, Mariana Gigena, Lorena Cabrera, Florencia Gorriti y Walter González.

Para Diego, estos cinco años también fueron una manera diferente de aprender su oficio. Porque una cosa es cocinar para alguien y otra es compartir durante varios días sus experiencias, sus cansancios y sus alegrías.

“Nos llevamos mucho más de lo que dejamos. Cada año volvemos con nuevos aprendizajes, nuevas historias y la certeza de que lo hacemos bien”, dice.

Y seguramente sea así. Porque Diego y Ceferina vuelven cada año a Villa Mascardi para hacer lo que saben: cocinar.

Aunque a esta altura ya tienen bastante claro que no van solamente por eso.

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