En Viedma, la cerveza artesanal sigue encontrando caminos propios. Esta vez, con una propuesta que lleva el concepto de “hecho en casa” un paso más allá. En Cervecería Shark, el proceso no empieza en la olla, sino en la tierra: cultivan su propio lúpulo y lo utilizan fresco, recién cosechado, para elaborar una cerveza única en la ciudad.
La diferencia con la mayoría de las birras es sustancial. Mientras que lo habitual es trabajar con lúpulo seco y peletizado, acá se utiliza el lúpulo en flor, tal como sale de la planta. Ese detalle impacta de lleno en el perfil sensorial: aparecen notas herbales, verdes, con un carácter más intenso y una impronta resinosa que remite al origen mismo del ingrediente.

La protagonista es una Wet Hop IPA, un estilo que se define justamente por el uso de lúpulo húmedo o fresco, sin secado previo. Es una cerveza de estación, de esas que tienen fecha en el calendario: se elabora una sola vez al año, durante la cosecha, entre marzo y abril.
El proyecto tiene una conexión directa con la naturaleza. La planta de lúpulo —que puede alcanzar entre cinco y ocho metros de altura— crece en el patio de la fábrica y forma parte de un pequeño ecosistema donde incluso las abejas cumplen un rol clave, favoreciendo el desarrollo de los conos.
Hoy, el cultivo está compuesto por cuatro plantas activas, bien desarrolladas, de variedad Cascade, una de las cepas que mejor se adapta a la zona. En sus inicios habían plantado seis, pero con el tiempo consolidaron esas cuatro que actualmente sostienen la producción.

Todo comenzó con la búsqueda de rizomas, el punto de partida del cultivo. Con el paso del tiempo, las plantas fueron ganando fuerza y volumen. Las primeras cosechas fueron modestas, pero el crecimiento fue sostenido: el año pasado lograron recolectar entre cinco y seis kilos de lúpulo, destinados íntegramente a una sola cocción. El proyecto, además, se expandió entre amigos, a quienes les compartieron plantas, generando en algunos casos la posibilidad de una segunda elaboración.
El concepto es claro: todo lo que se cosecha va directo a la olla. Sin procesos industriales, sin almacenamiento, sin intermediarios. Una cerveza que captura el instante exacto de la planta.
El proceso de elaboración demanda entre 10 y 15 días, según el trabajo de la levadura. Y como toda cerveza de estación, su existencia es limitada: aparece una vez al año y no vuelve hasta la próxima cosecha.
La cita será el 25 de abril, una fecha marcada para quienes buscan descubrir sabores distintos y propuestas con identidad propia. En este caso, una IPA que no solo se toma: también cuenta una historia. La de una cerveza que nace en el patio y termina en la pinta.







